Quién es dueño de la traducción y por qué es abierta
Dos preguntas se repiten entre quienes conocen el paradigma tradicional: ¿por qué el control de la traducción queda en manos de la Iglesia nativa y no de una organización?, y ¿no es un riesgo que los recursos tengan una licencia abierta? Respondemos las dos, y decimos dónde hay riesgos reales.
El control es de la Iglesia que recibe la traducción
Creemos que el control de una traducción debe estar en la Iglesia que se beneficia de ella, la Iglesia nativa, y no en una organización externa. Esa Iglesia tiene el mismo Espíritu Santo y la misma dirección del Señor para tomar las decisiones correctas durante la traducción.
La distinción importa. En muchos casos quien retiene los derechos de una traducción no es una iglesia sino una organización. Puede tener creyentes y misioneros, pero en la práctica opera como cualquier organización, sin representar a la Iglesia tal como Jesús la estableció.
La autoridad sobre la traducción de las Escrituras no es de una organización ni de un individuo de forma centralizada. Es de la Iglesia, bajo la autoridad de Cristo y la dirección del Espíritu Santo.
Lo que dice la historia
Tim Jore recuerda en «The Christian Commons» que muchas de las grandes traducciones, al inglés y la de Martín Lutero al alemán, las hicieron hablantes nativos de esa lengua. Eran personas muy preparadas, pero también eran dueños de su propia traducción. Creemos lo mismo para la Iglesia nativa de hoy: capacitada y equipada, puede ser dueña de su traducción, confiando en la dirección del Señor tanto como confiamos en ella para las traducciones que ya existen. Para el recorrido completo, ver la historia de la traducción de la Biblia.
Nuestro fundamento no es una cita de hace un siglo. A veces se recurre a Roland Allen (1912) para respaldar esta idea, pero Allen escribía contra otro problema, el paternalismo colonial de su época, y reconocemos que es una base débil para este argumento. La necesidad está en el campo: iglesias nativas que el Señor está llamando a traducir la Biblia a su lengua. Y cada parte del cuerpo de Cristo tiene dones distintos para edificar al resto.
Lo recibido se entrega como se recibió: «De gracia recibisteis, dad de gracia» (Mateo 10:8).
Por qué la licencia es abierta
Los recursos usan la licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual (CC BY-SA). Tim Jore lo explica en «The Christian Commons» y en «Letting Go» desde tres ángulos:
- En lo práctico. Toda adaptación debe indicar qué se modificó y conservar el registro de los cambios anteriores. Las modificaciones quedan visibles y rastreables, no ocultas.
- En lo teológico. Confiar en el copyright para proteger la Palabra de Dios refleja, en el fondo, desconfianza en su soberanía.
- En lo histórico. Restricciones parecidas, como los edictos del siglo XVI que buscaban proteger la Biblia, terminaron obstruyendo su distribución en lugar de resguardarla.
Más allá de ese argumento, lo que sostiene la decisión es una convicción: la autoridad para controlar la traducción de la Biblia a una lengua local la da Dios, y la puso en manos de su Iglesia, no en las de una entidad externa.
Los riesgos, dichos con claridad
Al soltar el control, alguien podría usar estos recursos de mala manera. También hay riesgos en el modelo tradicional: el control centralizado se instauró con buena intención y tiene sus propias ventajas. No pretendemos que un lado esté libre de riesgos y el otro no.
Nuestro llamado es entregar los recursos de gracia y con la mejor calidad posible. No está en nuestras manos, como Iglesia externa, controlar lo que haga después la Iglesia nativa. Un experto que participa en este debate lo resumió así: el desacuerdo no es teológico, sino sobre dónde termina la responsabilidad humana. Preferimos dejarlo dicho así, sin forzar un consenso que no existe.
Fuentes
- Tim Jore, «The Christian Commons: Ending the Spiritual Famine of the Global Church», unfoldingWord (2013).
- Tim Jore, «Letting Go», unfoldingWord.
- Roland Allen, «Missionary Methods: St. Paul’s or Ours?» (1912).
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